Estos días azules

Espacio dedicado al recuerdo, al mundo natural, la educación...Lugar sereno.

14 junio 2007

Están aquí


Los niños y niñas de los pueblos de la provincia de Teruel cogían las huchas de cerámica con caras de chinitos y negritos. Las lacraba cuidadosamente la maestra colocando inmensidades de papel de celo en un corcho que taponaba la base de la caja fuerte. ¡Y a pedir por los pobres en el día del Domun!.

Se veían a esos niños tan pobres y tan lejos que aporreaban los escolares las puertas de las casas de los pueblos con tanta contundencia y energía que hasta el más celoso de su monedero soltaba algo.

Y ahora, están aquí. Quizás no tan negritos y amarillos pero con las mismas ansias por recibir algo que precisamente no sea limosna. Algo o alguien que dignifiquen sus vidas y corazones abatidos por otros cantares desgarrados.

Nuestras escuelas modifican el escenario. Han venido nuevos protagonistas perfumados por aromas lejanos y colores distintos de los trigales y la flor del almendro. Se oyen canciones entre balcones y puertas con sonidos melodiosos pero diferentes.

Polacos, argentinos, rumanos, marroquíes, senegaleses, colombianos...todos ellos ya forman parte de nuestro entorno y con ellos, sus retoños.

Las escuelas tienen que cambiar las huchas por proyectos de atención a la diversidad, proyectos quizás muy importantes porque serán los canales para ajustar la convivencia, comunicación, igualdad y dignidad de estos acontecimientos que ya son norma.

Los Ayuntamientos han de cambiar las huchas por proyectos que consoliden un tejido de trabajo y prosperidad.

Los empresarios y particulares cambiarán las huchas por puestos de trabajo dignos e indefinidos.

Por lo tanto, será necesaria la comunión de Asociaciones, Ayuntamientos, padres, hijos, maestros, vecinas, Asistentes Sociales, Instituciones y demás. Si no existe esa motivación en los que ya estaban, difícil será el asentamiento de los que no estaban.

Una cosa es venir y otra bien distinta es llegar. Llegar a entendernos, querernos y respetarnos en pueblos muy pequeños, como un símbolo, como una bandera, de algo tan grande como la raza humana.

Y está pasando y hemos de creer en ellos, a pesar de sus costumbres, culturas y lenguas. Porque yo sé que tienen un sitio aquí y nosotros desde la herrería, la granja, la obra, la escuela y el bar compartamos ese proyecto de atención a la diversidad y seamos valientes en aporrear aquellas puertas que nos abran hacia la solidaridad e igualdad.

Están aquí y tú lo sabes.

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