Estos días azules

Espacio dedicado al recuerdo, al mundo natural, la educación...Lugar sereno.

10 diciembre 2007

El Belén de mi escuela






Oigo voces de Navidad.
Muchas luces, escaparates repletos de productos, atascos de coches en las grandes avenidas, obras sociales, cenas de empresa e iglesias con buena calefacción.
El susurro de la Navidad nos invade. Habrá hogares con mucha alegría y otros que cerrarán a la Navidad la puerta con tres vueltas de llave.
Pero está.
Nos contagiamos de recuerdos estos días próximos a estas fechas. Recuerdos cercanos y lejanos. Recuerdos buenos y amargos. Deseos que nunca alcanzaremos e ilusiones cumplidas con dignidad.
Si de algo me acuerdo, es del Belén de la escuela de Castellote. Ya han pasado muchos años desde que iba a escuela y sigo recordándolo perfectamente.
Era el mes de diciembre. Última semana de escuela antes de coger las vacaciones de Navidad. Los exámenes ya los habíamos realizado y teníamos la satisfacción de haber cumplido con el maestro y con nosotros mismos.
En la lejanía quedaba un verano de golondrinas, el otoño languidecía y el invierno se asomaba por La Atalaya.
Había sido un trimestre duro porque estábamos en una edad que ya comenzaba a adquirir compromisos importantes con el proceso de enseñanza-aprendizaje.
En este momento de mi línea temporal, se abría la luz fulminante de la querida Navidad. Yo comprendía perfectamente mi estado de felicidad. Felicidad subrayada por mis hermanos que venían de Teruel a pasar las vacaciones. No los veía desde octubre y ese aire fresco, estudiantil y un poco incógnito, me atraía. Seguro que en sus maletas desvencijadas ya en sus alcobas habría algún regalo.
Felicidad porque se acumulaba en el granero de mis padres una retahíla de bolos, chorizos y morcillas. A alguien le llegó su San Martín en la granja del Solsona.
Placeres endulzados por los guirlaches que hacía mi madre con las pocas almendras que se cogían en El Val.
Y no digamos de la programación infantil especial para estas fechas. Tarzán y todas sus películas me encantaban.
Claro que recuerdo lo de ir a “llegar” olivas al Villar y eso lo llevaba mal.
El Belén de mi escuela.
El pistoletazo de salida se daba cuando preguntábamos al maestro si podíamos sacar los adornos navideños y el Belén para adornar la clase y escuela en general. Cuando asentía con la testuz de forma reverente significaba que había llegado el momento.
Sacábamos cajas y bolsas donde se custodiaba todo con cuidado y meticulosidad.
El Lucha, era capaz de envolver unas figuras de Belén que recordándolas ahora, sé que son una obra de arte. Todas de tamaños pronunciados y hechas de terracota. Filigranas de caras, detalles y posturas. Aunque en esos días, para mí eran las figuras del Belén de siempre.
La tarima de madera servía de base y cada grupo de alumnos tenía sus encomiendas: unos, a por arena blanca y roja a los arenales del cementerio. Otros, a por piedras ornamentales. Aquellos, a por musgo y palmeras al Llovedor. Que por cierto, las palmeras soltaban un líquido blanco como leche que se quedaba las manos pringosas.
Cuando teníamos todo el material, primero, se tapizaba la tarima con fina arena. Luego, se colocaba con esmero arquitectónico el portal con zocarras de olivo y vides. Seguidamente, piedras, palmeras, el cerbero y el musgo. Finalmente, incursionaban los habitantes de forma delicada y magistral. Como si profiriesen en nuestras frías manos obligándonos a posarlos en su lugar.
Al final, el Belén estaba y lo mirábamos llenos de satisfacción. Este año nos había salido muy bien.
Paralelamente al Belén, en un armario de madera, se guardaban bolas, espumillón, papel charol, cartulinas, papel de calco y plantillas de Reyes Magos, motivos pastoriles, San José y La Virgen María con el Niño Jesús, velas y centros...
Se iban colocando estos recortables en los ventanales de la escuela. La estufa de leña estaba roja y la clase tenía una atmósfera muy agradable.
Me acuerdo de todos mis compañeros y compañeras de la escuela. De esa infancia que siempre se asombraba pero esos días más todavía porque era Navidad.