Estos días azules

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19 julio 2008

La muerte de un hijo

Ayer los medios de comunicación nos informaban que una niña saharaui se ahogó en una piscina de un hotel de Almuñécar mientras pasaba unos días con una familia de acogida española. Ahogos en períodos estivales, otros ahogos, ahogos de tragedia. Desde la televisión observaba el rostro desgarrado de la madre de la niña. Sólo ella conocía su dolor. Desde una aldea de barro, paja y arena en el desierto a un hotel de cuatro estrellas. Da igual, en cualquier sitio puede sorprender la desgracia. Conozco a varias familias, algunos amigos, que han perdido a un hijo y os aseguro que no existe trauma más fuerte. Ya lo decía el psiquiatra Luis Rojas Marcos "...la muerte de un hijo es una de las experiencias más penosas que podemos sufrir los seres ..." Cuando estás cerca de los padres no sabes qué decir. Cualquier palabra de consuelo no tapará una gran herida. Pero la verdad, que aunque cuesta, al cabo del tiempo comienzan a convivir con los demás y la vida vuelve a la normalidad. ¡Qué remedio! Pero nunca se olvida, siempre hay un momento del día, una situación donde acordarse del ser querido. Porque los que somos padres, creemos comprender ese dolor. Porque ¡cómo quieres a los hijos! Tantos momentos que han ido posándose desde que nacieron hasta hoy... Invito a los padres a que disfrutéis más si cabe de vuestros hijos. Que esta tarde vayáis a su cuarto y veáis qué pintan o juguéis con ellos. Idos de paseo con ellos y vivid. Vivid la vida. No porque se vaya a truncar la relación de forma trágica, sino porque también crecerán y marcharán. Mientras tanto, sólo pido desaparecer antes que ellos. Mientras tanto, sólo pido aparecer ante ellos. Con ellos. Para siempre.

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