Estos días azules

Espacio dedicado al recuerdo, al mundo natural, la educación...Lugar sereno.

27 julio 2009

Andando alrededor de Castelfrío

A continuación os presento una colaboración que realicé para la revista escolar de mi escuela en el curso 2001 y dentro de una sección llamada "Página Verde". Es un recordatorio a la primera marcha senderista que hice en nuestro colegio con un grupo de alumnos y padres y ayudado por Amparo y Candi. Si ahora rescato este artículo es porque la andada que hicimos fue por un paraje hoy desolado por el fuego. Ha desaparecido el bosque, ha muerto la inspiración.
En esta entrada "Lágrimas por Castelfrío" de Pedro y Paca observaréis otro paisaje, muy diferente al que me inspiró escribir el siguiente relato.
"Son las nueve y media de la mañana. Mañana de un sábado de niebla. Hoy es 27 de octubre de 2001 y me dirijo con mi coche y mi familia hacia Escorihuela. Por la carretera general, la visibilidad es casi nula y hay que ir con mucho cuidado. Me preocupa que la niebla apacente también en los altos de Castelfrío porque la marcha senderista está prevista allí.
Nos desviamos en los llanos de Alfambra y tomamos una carretera secundaria que va a Escorihuela. De repente, como si nos metiéramos en un túnel, se divisa a lo lejos el pueblo rodeado de luces y colores de la mañana.
Seguro que va a hacer un día maravilloso.
Hemos quedado en las escuelas de Escorihuela y ya hay varias familias que nos esperan. Luego llegan más coches y hasta se produce un pequeño atasco. Saludos, apretones de mano y algún bostezo presagian que será un día feliz.
Ya estamos todos preparados y como si de una romería se tratase, comenzamos a ascender en coche hacia Castelfrío. Hacia arriba, hacia la montaña, el corazón se ensancha más y otean los niños desde la ventanilla lo que dejan atrás, un paisaje llano, de tierras rojas y ocres, las cuales rodean como una manta de pastor los pueblos de Escorihuela y Alfambra.
Dejamos los coches en un alto, en la boca del pinar y nos cargamos de mochilas, bastones de San José y alguna que otra bota de rico caldo. Los niños están tan emocionados por descubrir el más allá que se disponen a ir los primeros como el pirata Crispín o el guerrillero Pichón.
¡ Y el cielo azul !
Los aromas de sotobosque comienzan a danzar entre todos nosotros. Porque huelo a pino, hojarasca, musgo, piedra, tierra y madera. Porque marchamos con pasos observadores y cuidadosos como si nos adentrásemos hacia un paraíso salvaje, desconocido y asombroso.
Hacemos un alto en nuestro camino y almorzamos en el bosque. ¡ Qué rico está todo !
Soy feliz viendo a padres e hijos de corta edad yendo de la mano o a chinchín con sus papas; dialogando en este marco incomparable; recogiendo muestras de hongos por la senda que serpentea hasta los claros del valle, hasta Galliboso. Ascendemos de nuevo pero esta vez hemos sustituido las Michelín por las alpargatas. Ahora quien se ensancha son los pulmones porque cogen todo el oxígeno posible para seguir. Los pinos y carrascas son centinelas que por momentos nos sobrecogen al aproximarse tanto a nosotros. Algún caminante se ha tropezado en una sabina rastrera y bastantes nos hemos pinchado en los escaramujos.
Casi al final de la ascensión, miramos hacia atrás y todo es verde. Monte cargado de pinos, enebros, sabinas... Potente, hermoso y frágil a la vez. Jadeando desde aquí adivinamos porque amamos esta tierra. Queremos que nuestros hijos también se embriaguen de estos momentos de plenitud. Ella, la Natulaleza y nosotros, los dos juntos.
Aterrizamos en lo alto del monte y volvemos a ver abajo la llanura, el cauce del río Alfambra y las choperas amarillas y rojizas que se rompen en los azules, ocres y verdes.
Descendemos, más animosamente, hacia la masada El Rubio y conectamos de nuevo con una pista forestal que ya quisieran muchas carreteras tener tan buenas cualidades.
Alguna madre, con vista de águila, ve desde la pista alguna seta de cardo y le rinde cuentas. Los demás, hablando de sus cosas, cosas grandes porque se dicen con sinceridad y afecto.
Llegamos al Rubio y nos detenemos al lado de un chopo majestuoso. ¡Cuántos inviernos habrá vivido! Quizás, cuando haya oído a tantos zagales acercarse al abrevadero pensó en años pasados, en años llenos de todo y ahora ...
Un padre nos cuenta que arriba en el monte, junto a las antenas, cuando forestaron el monte, encontraron muchos proyectiles de la guerra. Que una nave que descansa a media montaña, le llaman La Parabólica. Que un estanque que hay abajo, a pie de camino, le pusieron El Pantano...
Subimos algo cansinos la última cuesta y nos dejamos caer en un manto de verdín en nuestra meta. Nos despojamos de botas, que no de las otras, mochilas y chambergos y plácidamente comemos nuestras tortillas de patata, longaniza y costilla del matapuerco, pechugas empanadas, mandarinas y pan. Los niños corretean por los alrededores del pinar y descansamos en un silencio que nos orienta.
Regresamos. Pero antes hacemos un alto en nuestra ruta y nos enseña la alcaldesa de Escorihuela el formidable merendero que se está construyendo, casi finalizado, por cierto. Al volver a las escuelas, otro atasco: cazadores con sus perros, escopetas y coches, velan a un jabalí abatido.
Nos dirigimos al bar y nos tomamos una merecida consumición. Todos juntos recordamos el día que ya pasa. Recordamos unas horas de convivencia con lo natural. Respiramos hondo y yo pienso en los últimos versos que escribió Antonio Machado antes de morir para que estos niños y niñas algún día los recuerden también. Versos que decían: “Estos días azules y este sol de la infancia...”


2 comentarios:

Un padre nos cuenta que arriba en el monte, junto a las antenas, cuando forestaron el monte, encontraron muchos proyectiles de la guerra.....

Y yo soy el hijo de un chaval que el 14 de mayo de 1938 cumplió 18 años y que dias después el 21 de mayo en ese infierno llamado Castelfrio fue mutilado, pero sus amigos "hermanos" como mi padre los llamaba, murieron, ¡tan jóvenes!. Ahora leo el comentario "encontraron muchos proyectiles..." no puedo contener la emoción,,porque allí yacen proyectiles, si, pero estás también los restos de aquellos muchachos de Teruel, olvidados, vidas sesgadas, arrancadas,,mutiladas, y la tristeza se apodera de mi, a pesar de que hace años murió mi padre, poruqe pienso "encontraron proyectiles" !Dios que injusta es la vida¡ solo los proyectiles son eternos.
 
Realidad contrastada. Recuerdos duros y tristes. Eso, no se puede olvidar. Y mis padres, hijos de la guerra, ya me lo decían... "hijo, las guerras son malas y sólo ganan los poderosos!
Un saludo.
 

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