Estos días azules

Espacio dedicado al recuerdo, al mundo natural, la educación...Lugar sereno.

11 diciembre 2009

Castellote


Nuestros labios abren multitud de palabras. Palabras que dicen, que están vivas en el valle de nuestra mente. Se enganchan en vagones y dan forma a nuestra existencia.
Si hay una palabra que siempre se asoma desde mi mente hacia todos los rincones interiores y exteriores, es Castellote. ¿Cuántas veces te habré mencionado? ¿Muchas o pocas? No lo sé. Pero de lo que sí estoy seguro es que la palabra es profunda, evocadora, sentimental, afable, amistosa, cordial, respetuosa y feliz.
Para muchos Castellote es un pueblo, para otros pocos privilegiados, su pueblo. Y yo estoy incluido en esa comunidad. Por derecho, nací en la calle Losado nº 7, y por sentimiento.
El túnel me vio partir en la adolescencia hacia otras tierras. Lejanas, muy lejanas en su momento y hoy más cercanas. La Atalaya siempre me dijo que regresaría. Y así fue porque yo nunca me fui.
Mis pensamientos conforme pasan los años se hacen más fuertes. Mis sentimientos hacia mi pueblo se descubren más deprisa y con verdadera sinceridad. ¡Tantos recuerdos! ¿Cuáles? Sencillamente los creados a base de combinar olores, sonidos, gustos, colores y tactos.
Olores diferentes de cada calle, plaza, rincón y calleja de Castellote. El sonido de la sierra del Ventura o Inocencia cortando con la cuchilla chuletas de cordero.
Luz, luz de infancia como el sol que me daba en la cara cuando salía de escuela en el mes de mayo por la tarde a la altura del Vegé de Rodolfo. Sol que hacía navegar a multitud de moscas en zig-zag.
El bullicio del caballón en las noches de verano. El olor desprendido de las antorchas en la Romería del Llovedor. El sabor del pan con vino o manteca. El olor de las caballerizas del cuartel cuando bajaba con Dieguito. O el olor a libro y estufa de butano que había en la Biblioteca Municipal cuando iba a buscar a las 9 a mi padre.
Tengo más perfumes. Por ejemplo ese olor a melocotón en la cooperativa o cuando las mujeres hacían pastas en el horno del Figueras. No se me olvida el tacto del plumaje de las tórtolas de la Albañila o la aspereza de las bolsas cuando embolsaba melocotón con el Piquer. Los apretones en los remolques de la plaza de la Virgen del Agua el viernes de la prueba. El sonido de las banderetas de papel de las fiestas. El olor de las madrillas y carpas que pescaba en el puente Nocilla con Ramón. El agua salpicando la cara en los chorros del pantano. La dureza y fortaleza de las rocas cuando hacíamos campamentos con Mario. Esos colores variados de las chapas de refrescos y bebidas que había por el suelo del frontón cuando finalizaban las fiestas. El olor a tomillo y tierra mojada cuando cogía con Manolito caracoles blancos en el Pocico de San Juan. La frescura agradable y pacífica de las aguas del pantano en las tardes de agosto…
Porque los recuerdos son legítimos. Necesarios para continuar donde nos quedamos hace años. Volver a la infancia es conocerte un poco más y reconciliarte con lo que se esfumó. Nuestros destinos no los dirigimos nosotros. Un día volamos del nido como palomas torcaces y el pino se queda solo. Aunque siempre volveremos. Regresaremos con alas fuertes, vigorosas y fieles al sitio que nos parió.
Hoy Castellote está guapo. Siempre lo fue pero como señor que es sabe cuidarse y arreglarse bien. Nuestra querida Virgen del Agua nos protege y anima a volver.Mis hijos adoran su pueblo, derecho por sentimiento, al igual que vuestros hijos. ¡Qué suerte hemos tenido! ¡Qué fuerza tiene este pueblo para cobijar a tanta juventud hermosa enamorada de él! ¡Viva Castellote! ¡Viva nuestro pueblo!
(Publicación original en el Programa de Fiestas 2009 de Castellote)

2 comentarios:

¡Que bonito José Mª! Cada vez que lo leo, me hace soltar la lagrimica.
Un saludo desde Castellote
Belén
 
Un abrazo Belén y nos vemos pronto.
 

Publicar un comentario

Bienvenid@ a Estos días azules.Gracias por tu comentario y feliz día.