Estos días azules

Espacio dedicado al recuerdo, al mundo natural, la educación...Lugar sereno.

31 julio 2010

18

Felicidades, Blanca. Te queremos.

30 julio 2010

La Educación Prohibida



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23 julio 2010

Esto era uno de...

De todos y todas son conocidos y apreciados los chistes. Siempre cuajan bien, sobre todo, en ambientes distendidos.

"Esto era un catalán que iba en el tren hacia..." , " un maño se encuentra a un amigo y se baja de la burra...", "iba un andaluz hacia Chipiona y cuando cruza la calle...", "un soriano tiene un hijo y va al hospital...", "esto era un inglés, un francés y un chino en un avión...", "van dos de Bilbao y se meten en un bar..."

Pues eso, cada ser y personaje tienen su etiqueta. ¿Y los de Bilbao? ¡Echaos "palante"! O no tanto... Porque esta noche los de Teruel estábamos en las terrazas de los bares cenando o tomando copas y algunos ya iban con la chaquetica. Sí, sí, ¡con la chaquetica! Y es que los de Teruel enchufamos el aire acondicionado por toda la ciudad y ponemos el temporizador nocturno y...¡a cascala! Somos así, más que los de Bilbao. Amén.

19 julio 2010

Yo era pescador

(Fotografía: Víctor Martínez)


Acabo de renovar la licencia de pesca de mi hijo Juan y la mía. Pero pescar, pescar, lo que se dice pescar...

Creo que renuevo cada año por sentimiento. Eso será. Llevo muchos años de caña caída y continúo haciéndome socio del pantano de Santolea y su río Guadalope. Quizás pensando más en el derecho a estar, formar parte de allí que a pescar.

Sentimiento del recuerdo de mi infancia. Cuando me preparaba en casa los viernes por la noche los aparejos de pesca. Con una cesta hecha de esparto que me regaló mi madre y que fue herencia de su tío Manuel. Esa cesta iba con el complemento de un lombricero también de esparto (por cierto, un día me desapareció y sé quién fue el mago...). Mi primera caña de pescar la compré en la tienda de Rodolfo por 600 pesetas, era dinero, incluido el carrete y una boya con el anzuelo. Me desplazaba a pescar hasta el pantano por el camino que va hasta el río. Iba andando y volvía caminando. Con las calores del verano y las lluvias de la primavera. A veces solo, otras acompañado por Ramón, Carmelo o Manolito. Pescaba en el sobradero del pantano, en el puente Aforos o en el puente Nocilla. A veces, me iba al río al paso de la masada del Cortés. Otras, a la playa del pantano, o en las escaleras de la presa. Porque para ir andando, la cola de Santolea quedaba muy lejos. ¡Y cómo disfrutaba! Cogía de cebo lombrices en la acequia de la balsa tapada en la casa de Luís Miguel o por las callejas.

Sin coche, con una caña, dos anzuelos y boyas de recambio, tres esmerillones y dos cucharillas que no las podías perder bajo ningún concepto. Más que material de pesca, eran piezas de joyería. Y pescaba madrillas, barbos, carpas, alguna perca y un poco menos de alguna trucha. Y era feliz. La sensación de la picada, el tirón, la boya que se hundía en el agua. Lo natural y yo. Contemplando, relajando. Amaneceres, atardeceres y la merienda que me preparaba mi madre.

Y ahora, ¿qué? Nada. Tengo coche para desplazarme hasta la cola del pantano. Varias cañas de pescar, múltiples señuelos y aparejos. Nada. Me aburro. Ya no me atrae pescar. Sólo renuevo porque me acuerdo. O eso creo.

(Lo siento por la trágica noticia del fallecimiento de tres miembros de una familia en un lugar del pantano que en muchas ocasiones estuve y estaré)

12 julio 2010

¡Somos campeones, somos amigos!

10 julio 2010

La caña de España

08 julio 2010

Felices fiestas

Cartel de las Fiestas del Ángel 2010 Autor: Diego Herrero

07 julio 2010

Lady halcón

He pasado unos días en la playa. Hasta aquí, sin novedad. Como por las noches aprieta la calor, duermo con la ventana abierta. Ayer, pasadas las 6:30 horas me despertaron unos chillidos muy característicos que otras veces ya había escuchado. Todavía entre sueño y realidad no daba crédito a esa insistencia sonora que inundaba el cielo aún ocre. Chillidos con una personalidad especial y característica. No eran de niños ni de perros. Sorprendentemente eran sonidos de una pareja de halcones peregrinos.
Salí de la cama raudo y veloz hacia el coche y rescaté mis prismáticos que siempre llevo encima. Comenzaba la diversión y el espectáculo.
Mi residencia en la playa está dentro de una urbanización que tiene enormes torres. Grandes alturas que hasta ahora gustaban a palomas, tórtolas turcas y golondrinas. Pero en el mes de abril descubrí un nuevo habitante por los alrededores: el halcón. Ya divisé un ejemplar surcar los cielos de la urbanización de forma majestuosa desde entonces. ¿Quizás tuviera el nido cerca de ahí?
Ayer era una pareja que jugueteaba posándose en una gigantesca pluma de construcción en un solar paralizado cerca de donde vivo. Allí, en la altura de ésta, tenían su posadero. Iban y venían, ascendían y bajaban. Todo un espectáculo apreciado desde una terraza y sentado en una silla. ¡Quién lo diría!
Creo que las aves y estas rapaces en particular están cambiando su hábitat. Las zonas urbanas disponen de lo más importante: la alimentación. Multitud de palomas que invaden las once torres de la urbanización son la escusa perfecta para vivir aquí. De hecho, creo que de un tiempo a esta parte no se divisan tantas palomas.
Quizás sea otro proyecto de la introducción del halcón peregrino en las grandes urbes como sucedió en La Sagrada Familia de Barcelona y recientemente en Torre Europa de Madrid.
Lo que sí que sé es que a partir de ahora tengo unos elegantes vecinos que me alegrarán los amaneceres.

03 julio 2010

Podemos