Estos días azules

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05 enero 2011

Propósitos temporales

Abatido, dolorido y agónico se derrumbó 2010. Lejos de él quedaron los primeros meses de bienvenida y cordialidad. Marchito y cansado, no queda nada de su existencia. Sólo en almanaques resquebrajados por manos invisibles que le han dado el paseo de la muerte.
Aunque 2010 continúe en la mente, se marchó. A pesar que ya forma parte del hilo conductor de nuestras vivencias, sentimientos y hechos, sólo es recuerdo fugaz. Se evaporó en el tiempo. Allá quedó todo: el deseo, el odio, los momentos felices, la desesperación, el encuentro, la fatalidad, la mirada, el aprendizaje, la alegría, el susto, el amor, la amistad, el desengaño, la vida y la muerte.
Pronto sustituimos al destronado. Llegó otro año, otro chulo apodado 2011. Y nosotros, como autómatas, volvemos a venerarlo en la cima de la montaña. Hacemos conjuros y bebemos pócimas para que sea buen año. Todos los deseos se despiertan en el momento que las ninfas bellas y delicadas salen de sus bosques para brindarnos el nuevo año, el nuevo tiempo que nos toca vivir. Y nosotros, desde tiempos inmemoriales, accedemos a sus peticiones con júbilo y gozo.
Siempre creyendo, suponiendo que agarrándonos a pasos temporales mejoraremos nuestra humilde condición humana. Y es hoy tiempo de nuevos propósitos. Es la hora de alzar mensajes victoriosos. Todo ello lo marca una ridícula noción temporal. Un antes y un después. Ayer no y hoy sí. Porque esos ojos seductores de las ninfas del bosque bebiendo cava y comiendo la fruta de la vid en televisión, nos transportaron a otro tiempo. El año cero. El comienzo para adelgazar, aprender inglés y chino, a estudiar por correspondencia, a dejar de fumar, a no salir tanto a los bares (lugares de perdición), a estar más con los hijos, a querer a todo lo que se ha de querer, a no gritar, a estudiar con orden, ...
Y el carrusel de tierra y agua gira, gira y gira. Y llegarán pronto las primeras nieves y después las lluvias y más tarde las calores que nos recordará constantemente la televisión. Y volveremos a despedir a 2011 abatido, dolorido y agónico para destapar el flamante 2012. Así para todo la vida.
Como decía el lema de unos bombones, ¿por qué? Sencillamente, porque hoy es hoy. Hagamos las cosas para hoy, porque sí. Eso es lo que vale y perdurará por los siglos de los siglos, amén.

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