Estos días azules

Espacio dedicado al recuerdo, al mundo natural, la educación...Lugar sereno.

19 octubre 2011

Mi carrasca

La carrasca es anciana. Agarran sus múltiples raíces tierra seca, abandonada, aburrida. Algún rayo de tormentas pasadas resquebrajó su subir. Dolorida y cansada permanece. Sus maderas se rompen, no aguantan. Carrasca fuerte de antes, habitada de vida. Ahora sólo recuerdas. Sólo esperas a que el vendaval no te arruine. Ese tronco vigoroso se desvanece, se difumina cayendo hacia el barranco. Tú, que fuiste fuerza, vigor, esplendor, carácter, furor, energía, dinamismo, pureza, rabia, personalidad, ahora te doblegas. Porque los años te obligaron a cumplir el trato. Ahora llegan entre tus hojas pequeñas, ásperas y secas y te quieren cobrar la deuda. La deuda de haber vivido mucho, mucho y además feliz y contemplativa. No perdona nadie. La ventisca, el hielo, la lluvia, el calor te reclaman. Has vivido demasiado, quieren arrancarte del calvario. ¡Resiste! Es tu deseo, tu obligación. Oh, carrasca vieja, deformada, agrietada. ¡Cuánto has vivido! ¡Cuánto queremos que vivas! Porque nos has dado mucha sombra, refugio, placer y vida. Sí, has sido madera dura, pero noble, confiable, amigable. Estás todavía, agarrada, altiva, pendiente, solitaria. Ahí, estás. Estamos contigo, vieja carrasca.

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