Estos días azules

Espacio dedicado al recuerdo, al mundo natural, la educación...Lugar sereno.

18 abril 2012

Atardece

No todos los atardeceres son hermosos. La caída del sol a veces golpea la montaña para desmoronarse hacia el fondo. Cuando cae la luz, a veces, no asombra ni resplandece. Porque ir hacia la oscuridad, hacia el desconcierto y el vacío significa confusión, ansiedad, no saber y no controlar. La noche no siempre es mágica. La penumbra desata la tristeza y la caída. Porque el anochecer según para qué y para quién significará quizás el fin. La meta o un nuevo comienzo hacia una luz que brillaba fuerte y enérgica en nuestra infancia. Se marchita el cielo azul, nos cegamos en el túnel oscuro. Todo se confunde y se desconoce. Fragilidad manifiesta, atardecer traicionero. La bajada de sol no es amor, no será mirarse a los ojos y sonreír. Porque hay cosas que se acaban. Después de muchos amaneceres y otros tantos atardeceres. Porque la obra de teatro se acaba, llega a su fin el renacuajo en el abrevadero, se va el alimoche a Mauritania, el cierzo se escapa a la sierra, el abejaruco pierde su arenal y el niño regresa a la escuela en septiembre. Todo rodará, como siempre, pero no amanecerá. Y esa jota de "la tarde ya pardea" entre olivos, verdecillos y cardelinas, se difuminará. Y todo por un momento largo y doloroso será oscuridad. Recuerdo del amor, de lo que no quieres que se rompa a pesar de su fragilidad. Nunca esperas que se corte tu rosal, esa vid poderosa. Nunca esperas que la fuente se seque, que la carrasca la parta un rayo. Atardece despacio pero sin compasión. Duele la preparación a la partida. Porque quedan pocos amaneceres. Atardece.

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