Estos días azules

Espacio dedicado al recuerdo, al mundo natural, la educación...Lugar sereno.

28 noviembre 2012

Pueblos

Pueblos dormitando. Respiros contenidos porque la fuerza se desploma. Acosados por la amargura del paso del tiempo. Sin reacción, destinados al capricho de la desaparición. Pueblos de esquinas heladas y aullidos de un perro de calleja. Sólo las piedras que se arremolinan como ejércitos en portillos avanzan desoladas hacia la cuesta de la plaza de la iglesia. Verdines de campos solitarios con algún cacharro oxidado y desparramado, enturbian la luz. Pueblos de teja rota, de majadas hundidas y piedras nobles. De esas casas que fueron ayer y hoy son humedad y falso musgo. Farolas que despiertan tarde en las caídas del sol de invierno. Luces tenues, vergonzosas que ni siquiera esperan las esquilas del ganado porque en las parideras sólo descansan fiemos secos, silencio y nidos abandonados entre ladrillos y huecos. El chorro de agua de la fuente es cansino y amargo. Pájaros inteligentes, negros y fuertes son los que se apoderan del sembrado y las cunetas. Acercan su oscuridad en postes eléctricos y tapias de cementerio. Niebla que adormece el fin. Nada y nadie en la cocina. Chimeneas extinguiéndose y remolino de hojas secas en las entradas de la casa protegidas por tablas forradas con caucho. Balcones de perches desvencijados. Tendederos de alambres entristecidos y sin protagonismo. Sólo permanece ese orinal metálico con plantas de secano, de esas que nacen en riscos y su fealdad gusta. Pueblos, muchos pueblos abandonan la fuerza y rabia de ser. Llega la hora de desaparecer. Y mientras tanto, la vida sigue... En otro lugar.

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