Estos días azules

Espacio dedicado al recuerdo, al mundo natural, la educación...Lugar sereno.

14 diciembre 2013

Naturalmente, Maestrazgo

Acecha el invierno. Diciembre protege la niebla que agarra la masada fortificada. Desde un ventanico a la izquierda de la torre los ojos profundos y sabios de una masovera observan a unos cuervos que ya se han emparejado. Graznan a una tierra que duerme todavía, sale dura, helada, ida. Esa mirada bella se acuerda por momentos de los morrones de piedra marcando el camino de las nieves y huellas de jabalí. Estandartes que con manos rudas se amasaron entre enebros y sabinas rastreras. Recuerda las esquilas cansinas del ganado fundirse en los cristales del río Alfambra. El silencio es rodeado por siluetas de caminos serpenteantes llegando al barranco de Gazulla. Las cardelinas, pardillos y verdecillos se amontonan en cardos del cabezo de la Heredad. El frío cala y la chimenea humea sacrificada. Esta tierra siente las pezuñas de la cabra montés subiendo desde el barranco del Cañadizo. El cielo azul flirtea con el alcotán que vigila nervioso mientras la nutria se zambulle en el río Pitarque con el fin de almorzar trucha. Los portillos se atolondran en guarecer al fardacho. En las piedras amontonadas después de haber despedregado el campo el hombre, aparece un mochuelo que ansía noches de agosto entre chopos cabeceros y saucedas del valle Sollavientos. Afanándose en marcar las horas el cuco por el día y el autillo de noche. Añora al melódico pinzón y hasta al desentonado triguero. Recuerda a la collalba gris que también tiene querencia a esos terrenos como él. Piensa en el perdigacho cuando tomaba el sol  en las crestas. Se marcharon los vencejos y los alimoches y sólo aguantó la real que divisa ocres, verdes y azules. Las entrañas de esta comarca son el cordón umbilical del pino negral, el tejo y romero. Atraen al petirrojo, gato montés, halcón y paniquesa. Serenan los ganados dormitando cerca de un azarollo y velan las noches junto a los contingentes de piedras. La tierra nace libre y virgen. Quiero miradas como la masovera, miradas que se pierdan en el horizonte natural coloreado por cebadas, trigos y una higuera. Que sólo se oiga al silencio desde castillos templarios para que gire la armonía turística y nos deleitemos con la belleza. Porque nos merecemos una tierra respetada y protegida, la tierra soñada. Naturalmente, Maestrazgo.
#maestrazgocreativo

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