Estos días azules

Espacio dedicado al recuerdo, al mundo natural, la educación...Lugar sereno.

18 agosto 2015

Infancia

Siempre volvemos al recuerdo, al pasado, para llegar a la estación de la infancia. Ese periodo, en líneas generales, está marcado por la felicidad absoluta. Nos hemos impregnado de unos recuerdos arropados por los sentidos y vivencias que nos van a seguir el resto de nuestros días.
Acostumbramos, cuando ya poseemos cierta edad y perspectiva de vida, a pensar en aquellos años vividos buceando en fotografías compartidas, diarios personales y cuadernos de escuela. Cada vez que nos reunimos con las amistades, comunes al destino inevitable de haber crecido, nos recreamos con anécdotas pasadas sacando sonrisas y complicidad. Y es así, la infancia es el único momento temporal vital que es puro, inocente y casi siempre, por no decir siempre, aparece la figura de nuestra madre. Ella, es la referencia y nuestro guión de esta etapa complementada por nuestras amistades. Ser niño es sinónimo de felicidad, sin responsabilidades ni preocupaciones, salvo que hayas perdido muchos patacones jugando en el parque. No existen compromisos serios y los que hay, son asumibles. En ese periodo se es muy creativo e imaginativo, nuestro alrededor está por descubrir y no existe el mal en nada ni nadie.
Castellote es infancia. Mis recuerdos hacia mi pueblo siempre son agradables y entrañables. Pasé muchos años por sus calles y rincones y la fuerza tremenda que desprendió hizo que parte de mi sea él. Porque la alegría y ganas de vivir que conservo en la actualidad, se debe a mi paso de niño por Castellote. Cuando cierro los ojos y quiero volver, descubro un sol de tarde que colorea las calles con una luz inigualable, oigo caer el agua serena y constante del vacio, el sabor de las almendras verdes, el frío en el rostro en las tardes de invierno y voces diminutas desde San Pedro.
La auténtica infancia es juego y éste es una cuestión muy seria y ha de ser de uso obligatorio, sobre todo para las niñas y niños. Mis juegos de infancia como la fila india, el galopero, tres navíos en el mar, los patacones, las chivas, las cuatro esquinas, el pañuelo, churro, marro, el bote-bote, la correa, deportes como el fútbol, beisbol, pelota mano, frontenis, hacer campamentos y todo tipo de travesuras que muchas de vosotras y vosotros conocisteis o practicasteis, hicieron que fuéramos más competentes y desarrolláramos una gran inteligencia emocional. Infancia y juego se necesitan y creo que las zagalas y zagales tendrían que volver a la calle y plazas de los pueblos para reivindicar y regresar al juego. Juego en estado puro, dejando a un lado esa dependencia preocupante que existe actualmente con las nuevas tecnologías y el teléfono móvil.
Cuando somos adultos, es tal la metamorfosis que nos asustamos. Aparece la codicia, el rencor, el egoísmo y la hipocresía. De todas formas, ser adulto no es sinónimo de maldad porque también crecemos habiendo heredado unos valores fundamentales como la bondad, generosidad y honestidad. Me gustaría que más a menudo viéramos con ojos de niño, ojos que comprenden y observan la vida desde la ingenuidad e inocencia. Quizás así nos iría mejor. 
(Colaboración en el programa de fiestas de Castellote 2015)

2 comentarios:

¡Muy buena tu publicación en el Programa de Fiestas de Castellote!! Además me consta que gustó a mucha gente por los comentarios recibidos.
Un abrazo
 
Gracias, habrá más. Un abrazo.
 

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