Estos días azules

Espacio dedicado al recuerdo, al mundo natural, la educación...Lugar sereno.

31 enero 2016

Educar con humor

29 enero 2016

San Macario 2016

                                        Un reportaje de Víctor Martínez

28 enero 2016

Keepers Of The Flame

No estás sola

Vista

23 enero 2016

Leo Harlem: cuidarse o no cuidarse

17 enero 2016

Fundación Cepaim y el desarrollo rural

En la Web de Cepaim se definen como una organización independiente, cohesionada y sostenible que da respuestas a dinámicas sociales relacionadas con el hecho migratorio y con los procesos de exclusión social. Referente práctico y teórico en la aplicación coherente  de políticas transversales de interculturalidad, gestión de la diversidad, igualdad de género, cohesión social, desarrollo local y codesarrollo, tomando como base de actuación el territorio. Promueve un modelo de sociedad inclusiva e intercultural que facilite el acceso pleno a los derechos de ciudadanía de las personas más vulnerables de nuestra sociedad y, de forma especial, de las personas migrantes, desarrollando políticas de lucha contra cualquier forma de exclusión social y colaborando en el desarrollo de los territorios locales y de los países de origen de los/as migrantes.
Una de las áreas que desarrolla es el área de desarrollo rural con el proyecto Nuevos Senderos: itinerarios de integración familiar, acciones formativas de acercamiento al conocimiento del medio rural, formación para el empleo, acompañamiento al proceso de integración al municipio, actividades de sensibilización e integración. Actuaciones destinadas a unidades familiares con menores a su cargo.
En el vídeo que os dejo a continuación os presentan el proyecto con casos reales.



16 enero 2016

Leo Harlem: Salud y nutrición

14 enero 2016

Primos

Eran fechas navideñas hace muchos años y estaba con mi padre cogiendo olivas en El Val. La radio nos acompañaba en esa jornada de mañana con intervenciones y voces en las ondas que querían ayudar a que sacáramos el espíritu navideño, incluso estando jodido de frío en esos campos salvajes e indómitos. 
De repente, intervino un oyente presentándose como hijo único. Lanzó una pregunta en busca de contestación y sosiego que aunque en un principio pensé qué era una tontería, si luego la analizas detenidamente tiene su cosa. Ésta era la siguiente: buenos días, soy hijo único y no sé describir el amor que se siente hacia un hermano porque no lo tengo. ¿Es parecido al amor de unos padres? ¿De unos amigos? ¿De unos primos?
Y es que es verdad, son amores distintos. Querencias sutiles y diferenciadas según el grado del
parentesco familiar.
Pero a lo que vamos, yo quería hablar de la figura de los primos. Cuando digo primos me refiero también a las primas. Creo que no conozco a nadie que hable mal de sus primos. Los primos, se vean o no, ahí están siempre. Cuando haces referencia a este parentesco, lo expones con orgullo, sacando pecho. ¡Oye, mi primo...! Acordaos, como el primo de Zumosol. ¿A qué no pasa igual con las cuñadas, yernos o suegra? Porque quizás comenzaríamos nuestra intervención diciendo es que mi nuera... ¡Cómo cambia!
Acordaos de la infancia y las vacaciones de verano. Cuando alguna amiga traía para fiestas a su prima, abandonábamos a la amiga y sacábamos a bailar en la verbena a la prima. La observábamos como algo enigmático, por descubrir. Dormir en la misma alcoba con tu primo mayor y contar historias fantásticas. Al lado de los primos, el horario de vuelta a casa se relajaba por parte paterna y la paga aumentaba para ir juntos a comprar algo en las quincallas. Si venía tu primo, el castigo impuesto de la madre se levantaba. Y muchas cosas más.
Desde estas lineas quiero reivindicar la figura de primo y animo a que se potencien los lazos afectivos, a buscar momentos de encuentro y diálogo en los cuales se repasen las vidas familiares de forma conjunta y generosa.
Si yo tuviera que responder al oyente de la radio sobre cómo es el amor de un hermano, le diría que lo más parecido a un primo.

13 enero 2016

La estantería, un libro y el relato

Nunca imaginé que ese cuarto oscuro arrojaría tanto asombro. Fue un 28 de agosto del verano de 1981. La calle agarró la tormenta que venía desafiante desde La Atalaya. Cuando finalizó el festival de lluvia me personé en la  "casa de abajo" del pueblo para revisar goteras y colocar unos cuantos cacharros. Fue en un momento de esos cuando me adentré en la habitación.  Abrí un ventanico de madera podrida y la luz iluminó una destartalada estantería. No la había visto jamás. Era diferente, de formas inquietantes y de colores muy vivos. Entre sus baldas, una nota manuscrita junto a un libro que comenzaba así... "Para estas fechas la escarcha ya dormita entre terrones, piedras y espliegos secos. La ventisca adormece al perdigacho y suelta la cabra montés por el Llovedor. El cierzo silencia la campana del campanario y convierte la tierra en turrón duro. Parece que es momento de parar, de seguir la huella del letargo del fardacho y la fuina. Creemos que para ahora no hay vida, sólo silencio. ¡Pues no es cierto! Los recuerdos de infancia nunca cesan porque son tan verdaderos y potentes que explosionan en cualquier momento...". 

09 enero 2016

José está en Facebook...

08 enero 2016

Tina y la leyenda de los Amantes de Teruel

Nómadas de Mongolia

05 enero 2016

¿Realmente son libres los niños hoy?

03 enero 2016

Binta y la gran idea

02 enero 2016

Agricultores y ganaderos

Siempre he desempeñado mi labor profesional en zonas rurales. Pueblos muy pequeños en sus conjuntos urbanos pero grandes en extensiones naturales.  Rodeados por tierra, mucha tierra, que resignada a la disciplina, se organiza en lindes y parcelas de cebadas, chopos, trigos, maíz, olivos, alfalfa, frutales, hortalizas, etc.
Ese paisaje natural se complementa por multitud de granjas, naves, masías y propiedades que presagian una forma de vivir y trabajar. He visto la tarde eterna conduciendo ganados que apacentaban por parameras y ribazos. Calor, viento, frío y lluvia son las constantes que marcan el día a día del agricultor y ganadero.
Creo que no somos del todo conscientes de lo importante que es la ganadería y agricultura para la sociedad actual. No llegamos a comprender la magnitud de sus hazañas para proporcionarnos unos productos que son de primera necesidad, vitales para que el mundo se mueva y no llegue al exterminio.
Ellas y ellos, son los verdaderos motores de la vida. Desconocen horarios y festividades. De día y muchas noches de guardia, viven exclusivamente para mantener la hacienda, unas propiedades que son muy frágiles porque echar horas con esfuerzo no es siempre sinónimo de éxito.
De cuando en cuando, desgraciadamente muy a menudo, amenaza el pedrisco, la sequía, inundaciones o la enfermedad animal. En otros casos, es la propia administración quien con sus normativas hace el resto.
Somos tierra, aire, fuego y agua. Hemos de entender que la profesión de la agricultura y ganadería hay que mimarla y dignificarla para que los resultados de éxito y compensación sean acordes al inmenso esfuerzo, desvelos y sacrificios que invierte este colectivo.
Porque si desde las políticas agrarias y ganaderas se apuesta en reconocer con hechos contundentes la labor de este trabajo digno en el mundo rural, quizás no se abandonen las explotaciones  y vuelva una ilusión. Una esperanza para muchos jóvenes que creerán en este proyecto recogiendo el testigo de otros que lo dejaron por jubilación o frustración.  
Facilitemos a los jóvenes  la inmersión en esta profesión ayudándoles a que puedan construir su futuro,  no obstaculizando con trabas burocráticas y legislativas. Que los beneficios legítimos sean acordes a las horas y desvelos que se invierten. Porque además, la juventud atraerá más población rural y estabilidad a los pueblos. La provincia de Teruel es rural, con la densidad de población más baja de España, dedicándose gran parte al sector primario. Cuando paséis con el coche entre olivos, trigos o almendros, cuando veáis una granja o a un pastor con sus ovejas, cuando observéis luz en una nave a las cinco de la madrugada,  acordaos que están ahí y que sólo ellas y ellos nos dan la vida.


(Colaboración revista Oppidum, nº84. Diciembre de 2015. Asociación Cultural ADOR de Castellote)