Estos días azules

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02 enero 2016

Agricultores y ganaderos

Siempre he desempeñado mi labor profesional en zonas rurales. Pueblos muy pequeños en sus conjuntos urbanos pero grandes en extensiones naturales.  Rodeados por tierra, mucha tierra, que resignada a la disciplina, se organiza en lindes y parcelas de cebadas, chopos, trigos, maíz, olivos, alfalfa, frutales, hortalizas, etc.
Ese paisaje natural se complementa por multitud de granjas, naves, masías y propiedades que presagian una forma de vivir y trabajar. He visto la tarde eterna conduciendo ganados que apacentaban por parameras y ribazos. Calor, viento, frío y lluvia son las constantes que marcan el día a día del agricultor y ganadero.
Creo que no somos del todo conscientes de lo importante que es la ganadería y agricultura para la sociedad actual. No llegamos a comprender la magnitud de sus hazañas para proporcionarnos unos productos que son de primera necesidad, vitales para que el mundo se mueva y no llegue al exterminio.
Ellas y ellos, son los verdaderos motores de la vida. Desconocen horarios y festividades. De día y muchas noches de guardia, viven exclusivamente para mantener la hacienda, unas propiedades que son muy frágiles porque echar horas con esfuerzo no es siempre sinónimo de éxito.
De cuando en cuando, desgraciadamente muy a menudo, amenaza el pedrisco, la sequía, inundaciones o la enfermedad animal. En otros casos, es la propia administración quien con sus normativas hace el resto.
Somos tierra, aire, fuego y agua. Hemos de entender que la profesión de la agricultura y ganadería hay que mimarla y dignificarla para que los resultados de éxito y compensación sean acordes al inmenso esfuerzo, desvelos y sacrificios que invierte este colectivo.
Porque si desde las políticas agrarias y ganaderas se apuesta en reconocer con hechos contundentes la labor de este trabajo digno en el mundo rural, quizás no se abandonen las explotaciones  y vuelva una ilusión. Una esperanza para muchos jóvenes que creerán en este proyecto recogiendo el testigo de otros que lo dejaron por jubilación o frustración.  
Facilitemos a los jóvenes  la inmersión en esta profesión ayudándoles a que puedan construir su futuro,  no obstaculizando con trabas burocráticas y legislativas. Que los beneficios legítimos sean acordes a las horas y desvelos que se invierten. Porque además, la juventud atraerá más población rural y estabilidad a los pueblos. La provincia de Teruel es rural, con la densidad de población más baja de España, dedicándose gran parte al sector primario. Cuando paséis con el coche entre olivos, trigos o almendros, cuando veáis una granja o a un pastor con sus ovejas, cuando observéis luz en una nave a las cinco de la madrugada,  acordaos que están ahí y que sólo ellas y ellos nos dan la vida.


(Colaboración revista Oppidum, nº84. Diciembre de 2015. Asociación Cultural ADOR de Castellote)

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