Estos días azules

Espacio dedicado al recuerdo, al mundo natural, la educación...Lugar sereno.

16 agosto 2018

Ausentes presentes


Había llegado el momento de la despedida, emprendiendo el viaje hacia el arcoíris y el azul total. Los vientos enérgicos armaron las velas del barco que navegó por la pradera del descanso eterno. Alas de fuertes halcones os acurrucaron hasta que posarais en el árbol mágico del ensueño. Viajasteis al anochecer y al amanecer, quizás una mañana fría de invierno y una tarde calurosa de junio. Marchasteis cuando rompía la flor del almendro o tal vez cuando voló la última golondrina del alero de la casa. Viaje sin retorno, dramática despedida para los que nos quedamos en el puerto viendo el barco desaparecer lentamente  entre brumas y oleaje.
Pero sabed que nosotros seguimos a vuestro lado, continuáis presentes, muy presentes y os recordamos intentando  rebosar vida motivada por la fuerza que hubo en vuestros ojos y manos. Recuerdos que afloran con más ímpetu y nostalgia estos días de fiestas patronales. Porque vosotros erais pieza clave, eslabón que unía amigos y familia, referencia para el disfrute, la fiesta y la charrera. Subíamos las escaleras de casa y ahí estabais, íbamos a por agua a la nevera y vuestros pasos se oían detrás, bajábamos a la bodega y vuestra voz retumbaba por la casa.  Aquí estamos bien, seguimos con luchas diarias, alegrías, deseos, fracasos, naciendo, creciendo y volando, mientras se  producen a nuestro alrededor  cambios constantes y vertiginosos.
Estáis presentes cuando suena la charanga por las calles del pueblo, marcando el compás las frágiles banderetas agitadas por el aire de fuego, en el pregón de fiestas arropado con sus queridas majas o cuando apagan las luces para correr el toro de fuego. Presentes en esos momentos que nos acompañabais en el viaje de las carrozas, en el bar echando un guiñote o en la ofrenda de Nuestra Señora la Virgen del Agua. De vosotros aprendimos a  derrochar alegría y ganas de vivir, sabiendo que a todos que amabais les recomendabais  que disfrutaran al máximo estos días de fiesta en buena compañía y armonía. Hemos tomado  nota.
Estas líneas sólo quieren ser un humilde y emotivo recordatorio para vosotros padres, hermanos, hijos, tíos, abuelos, amigos y familiares en general que subisteis a ese barco de sedas blancas, con rumbo hacia la lejanía sin retorno. Porque sé que a muchos de nosotros, cuando nos sucede algo sorprendente o los sentidos se manifiestan, nos viene a veces al pensamiento  nuestro ausente presente.
Sabedores que los barcos de sedas blancas siguen zarpando inexorablemente, somos conscientes del dolor que produce esa ruptura, pero pensemos que ellos nos querrían ver como ahora, de fiesta, sonriendo y siendo felices.
Sentir es saludable, expresar nuestras emociones de tristeza para convertirlas en posible alegría, mejor todavía. Vivamos ahora intensamente con nuestros seres queridos el presente y abracémonos más diciendo te quiero, me gusta estar a tu lado. Hagamos reír o por lo menos, sonreír a quien nos importa mucho y no tanto. Y estos días de fiestas, bailaremos, iremos a la peña,  saldremos a las terrazas de los bares y nos juntaremos con las cuadrillas. La mesa se hará más grande y las habitaciones de las casas se llenarán de maletas y juguetes. No habrá ningún vacío, ningún hueco, porque vosotros ausentes estáis muy presentes ocupando el mejor sitio de la casa y de nuestro corazón.
(Colaboración programa de fiestas de Castellote 2018)

23 julio 2018

Colonia de vencejos comunes en la muralla de Ávila

El viernes 20 de julio este era el aspecto de la Muralla de Ávila por la mañana.

 

16 agosto 2017

El pantano de Santolea


Eres colosal escultura de piedra y agua, salvaje, refugio de la cabra montesa, el jabalí y el águila perdicera. Tus brazos se extienden hacia los adentros, hacia la tierra prometida y fértil. Aguas adormecidas del amanecer que despertáis con el canto del perdigacho vigilante desde las crestas. Remansos que son trazados por somormujos y ánades azulones.
La hermosura en cada  rincón  desvela sensaciones diferentes: en la presa, mostrándote fuerte, enérgico. Ese paredón, obra maestra de la ingeniería, te hace altivo y arrogante provocando tu furia en forma de chorros de agua para que el río Guadalope continúe su andadura hacia lugares cercanos y lejanos. El muro es punto de encuentro de multitud de personas y cuadrillas parando casi todos para observarte y poder sentir la altura y caída desde el lado del sobradero o girar la vista siguiendo el oleaje. Entonces, intuimos las maravillas que atesoras en un recorrido de agua acariciada por diferentes luces, estaciones,  vientos y sonidos del silencio que te hacen más estimulante.
 Esta primera parada hace años era un lugar de baño, juego y confidencias.  ¿Quién no se ha capuzado alguna vez aquí en verano? Desde el muro de la presa, la panorámica está garantizada, pero, ¿qué habrá más arriba?
Es momento de ascender hasta el primer mirador del embalse donde las paredes de roca caliza van formando desfiladeros espectaculares. Aquí, el pantano se encajona y sus aguas se amansan rodeadas de pinos, aliagas y tomillos. Las orillas son de fina arena blanca, de ahí su nombre cariñoso y reconocido por todos nosotros: pasado el primer túnel, se encuentra la playa del pantano. Ahora eres más agreste y salvaje perfilado por los roquedos y monotes que sujetan al buitre y paloma bravía. La cabra montesa se refugia en los altos y de cuando en cuando baja a las orillas para beber entre multitud de entrantes y salientes que descubren cuevas naturales mezcladas de vegetación y eco.
Continuamos nuestro paseo y atravesamos un segundo túnel excavado en la roca madre hallándonos en otro mirador en el cual podemos apreciar la grandeza del pantano. Desde este punto, antes de llegar a las Planas, podemos contemplar al frente la otra cola del pantano divisando a lo lejos el estrecho de Santolea y la otra puerta de acceso por la carretera antigua que discurre hacia Ladruñán y Las Cuevas. Barrancos como Marinombre, Hondo con sus abrigos o Torreta, desgarran sus extremidades hasta el pantano atravesados por el té de roca y el caracol blanco renacido en las tormentas de agosto.
Otro enclave para no olvidar, El Perogil, acogiendo al río Regatillo que discurre hasta el pantano entre saucedas, chopos y campos de cultivo influenciado por los barrancos de  Cantalobos y Torremocha. El Perogil es lugar diferente a los vistos con anterioridad  siendo remanso, paz y relajo. Paraje de fácil acceso para practicar el deporte de la pesca, la canoa o merendar con la familia y esperar los atardeceres cautivadores inundados de silencio y sólo interrumpido por el chapoteo de los saltos de percas y carpas.
Desde abajo, si alzamos la vista,  se divisa el perfecto puente que salva el desnivel facilitando el acceso hacia Las Planas y Bordón y si continuamos un poco más, nos encontramos ya en el lugar más ancho del pantano, apareciendo dos mágicas islas clavadas entre aguas turquesas. Es un mestizaje de agua y viñedo, de olivo y pinar joven, esperanzado después de haber sufrido un devastador incendio hace años.
Multitud de caminos serpenteantes tatúan las proximidades a la orilla habiendo  alcanzado la zona más estrecha del pantano, sellado con una nueva presa en el lugar que se encontraba el personal puente de Santolea, otro lugar fascinante, de pesca y paseo. Esta cola es fundamental para abastecerlo: los barrancos de Dos Torres,  Cirigulleras, del Estrecho y otros más dan el vigor al río Guadalope que hace entrada por aquí. Nuevamente se erigen los paredones de roca y las montañas se presentan en diferentes planos ofreciendo vistas de lo más bellas al amanecer.

 Además, podemos abandonarnos por los alrededores como por el pueblo vivo de Santolea al cual se debe el nombre del pantano, La Algecira, Crespol, El Higueral, El Latonar, Dos Torres, Los Alagones, Las Planas, Bordón, Luco, Las Cuevas, Ladruñán, por el puente natural de Fonseca, Monumento Natural,  guarida de la nutria y el cangrejo. Zona de misteriosas cuevas de arte rupestre levantino y refugio durante la guerra civil. Nuestro pantano y su arquitectura natural dan vida y prosperidad y hacen que no perdamos la memoria de lo que llegó a ser, pasó y será.
(Colaboración programa de fiestas de Castellote 2017)

19 marzo 2017

Te recuerdo

Tu recuerdo permanece en mis pensamientos. Quiero no olvidarte nunca porque te quiero. Te fuiste para permanecer entre nosotros. Te echo de menos y me gustaría contarte tantas cosas, tantas nuevas buenas... Hoy el cielo es azul como tus ojos y el aire que respiro puro, fresco y natural. Día de paseo, de esos que a ti te gustaban. Y me acuerdo, papá. Mucho.

16 febrero 2017

Luz: Entre mis recuerdos

08 septiembre 2016

Pánico en el medio rural


04 septiembre 2016

La casa de abajo



 (fotografías de Víctor Martínez)

18 agosto 2016

El Llovedor

Una eternidad te rastrea entre las calizas rojizas. El silencio se guarece en el Salto de las Palomas cuando quiere reposar. Los sonidos de agua, desprendiéndose del vientre de la  madre roca, apasionan los pensamientos y el aire fresco, que susurra el ventanico de la ermita, blandea el cuerpo del viajero y cofrade.
Paraje bravío, espiritual, sagrado. Fortín de cárcavas, roquedos y tierra tapizada de tomillo, olivos, aliagas, romeros, cipreses. Te apresa la noche en un firmamento de millones de estrellas con su luna de mayo liberándote cuando el sol escala  La Atalaya. Aromatizas paz, dulce fruta, tierra mojada, inspirando  regocijo, bienestar, pasión, rezo y charrada. Llovedor de hombres y mujeres, de los que se fueron, están  y vendrán. Protector de chovas piquirrojas, buitres leonados y cabra montés. Tu ermita lanza su campanico hacia el azul para que sea rememorado por aquellos y aquellas que se sentaron a tu alrededor. Rincón mágico, libre de amarres, lugar de confluencia, confidencialidades. Paso y meta de muchas promesas sumadas en comprometidas novenas. Tus descomunales paredones atesoran silencio salvo cuando amparas a los romeros entre cánticos, rezos y amor por Nuestra Patrona, La Virgen del Agua.
Desde que te descubrí, siempre ha germinado el agua entre roca de musgo. Agua es esperanza, empuje para nacer, creer y crecer. Agua de vida que marca nuestra presencia, que estamos vivos siguiendo la trocha.
Cada vez que nos reencontramos, lo primero que hago es acercarme a la gran pared para sentir en mi semblante las salpicaduras de las gotas de agua. Entonces, medito que todo está en orden, como si El Llovedor, con los sonidos que provocan los cristales al atizar el suelo, marcase el ritmo de las horas de un reloj. Las manecillas son lágrimas infinitas, puras, delicadas que marcan el nunca acabar de un espacio y tiempo sereno, imperturbable e intimista.
Los pequeños abancalamientos de olivos centenarios erigen, desde su peana de tierra y tapiales, la enrocada ermita como si abrazara esa tierra sagrada que  quiere zafarse entre diferentes portillos hacia el camino de vuelta.
Este entorno natural puede disfrutarse desde diferentes encuadres y cada posición produce sentimientos y sensaciones diferentes: visto desde el túnel asombra su magnitud, la fuerza de sus muros rocosos enredados entre anticlinales. En cambio, desde arriba, desde el camino que penetra hacia el acueducto de Las Lomas percibo el rincón más recóndito, profundo, rebosante de vegetación. Cuando vas subiendo hacia él, a pie, de forma silenciosa, solitaria, descubres aquellas pinceladas que se esfuman a lo lejos.
Llovedor tú sigues ahí, otros no. Rememora a los que nos dejaron porque ellos siempre te amaron. Te quisieron por tu naturalidad, tu belleza y tu espiritualidad. Tu magnetismo sugiere que retornemos hacia ti todos los años, años que hemos ido creciendo a tu abrigo iniciando romerías de la mano de un padre para proseguir ahora sin ella. Preservas esas peregrinaciones llenas de devoción, cánticos amasados de oración, custodiando entre tus paredes escarpadas el llamamiento al entendimiento, las jotas y amistad de cuadrillas. Eres faro,  lugar de reencuentro, de veneración. ¡Cómo no vas a ser importante en nuestras vidas, Llovedor!  
(Colaboración programa de fiestas de Castellote 2016)